Rosario a María 
1. San Francisco se perdió una tarde su padre y su madre lo van a buscar lo encontraron el Santo Domingo contando las almas que al Rosario van. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar. 2. Un devoto por ir al Rosario por una ventana se quiso arrojar, y María la aurora le dijo: Detente, devoto, por la puerta sal. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar. 3. El devoto que más madrugare a coger las rosas del santo rosal ganará una corona de gloria, María la Aurora bordándola está. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar. 4. El demonio te tiene agarrado los pies a la cama con gran suavidad. No dejes de venir al Rosario, Por la perecilla de no madrugar. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar. 5. Los faroles ya están encendidos por falta de gente no pueden salir. Bajad, angelitos de los cielos, que los de la tierra no pueden venir. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar. 6. Es María la caña de trigo San José la espiga y el Niño la flor, y el Espíritu Santo es el grano que allí está metido por obra de amor. HERMANOS, venid. Devotos llegad. A rezar el Rosario a María si el reino del cielo quereis alcanzar.
La Pasión de Jesús Es la Pasión de Jesús un reloj de gracia y vida reloj y despertador que a gemir y asar con vida. Oye pues, oye sus horas y en todas di agradecido: ¿Qué os daré mi Jesús por haberme redimido? Vuestro reloj Jesús mío, devoto quiero escuchar y en cada hora cantar lo que por mí habéis sufrido. Cuando a las siete os veo humilde los pies a lavar: ¿Cómo si no estoy muy limpio me atreveré a comulgar? A las ocho instituiste la cena de vuestro altar y en ella Señor nos diste cuanto nos podías dar. A las nueve el gran mandato de caridad renováis. Que habiendo amado a los tuyos hasta el fin Jesús amáis. Llegan las diez y en el huerto oráis al padre postrado: hacad, mi Jesús amado, que yo pida con acierto. Sudando sangre a las once os contemplo en agonía ¿Cómo es posible mi Dios no agonice la alma mía? A las doce de la noche os pende la turba armado y luego en casa de Anás recibes la bofetada. Ala una de blasfemo limpio de Caifas os nota y enseguida contra vos la chusma vil se alborota. A las dos falsos testigos acusan vuestra inocencia ¡Qué impetud y qué descaro! ¡Qué indignidad que insolencia! A las tres os encarnecen e insultan unos villanos que con sus sacrílegas manos os dan lo que ellos merecen. ¡Qué dolor cuando a las cuatro os niega caburde Pedro! Mas vos Jesús me miráis y el reconoce su hierro. Las cinco son y se junta el concilio malignante que dice: Muera Jesús muera en la cruz al instante. A las seis presentado ante Pilatos el juez y el os publica inocente hasta por tercera vez. A las siete por Pilatos a Herodes sois remitido como seductor tratado y como loco vestido. A las ocho ya otra vez preso a Pilato volviste y entonces a Barrabás pospuesto Jesús os viste. A las nueve seis verdugos os azotan inhumanos y para ello a una columna os atan de pies y manos. A las diez duras espinas coronan vuestra cabeza espinas que en vuestras sienes clavan con toda fiereza. Cuando a las once os cargan una cruz de enorme peso entonces veo mi Dios cuanto pesan mis excesos. A las doce entre ladrones Jesús os veo clavada y se alienta mi esperanza viendo al uno perdonado. A la una y encomiendas Juan, tu querida madre y luego pides perdón por nosotros a tu padre. A las dos otra vez hablas sediento como Ismael y al punto os mortifican con el vinagre y la hiel. A las tres a gritos dices y en esta dado concluido, mueres y lloras tu muerte todo el mundo estremecido. A las cuatro una lanzada penetra vuestro costado por él corre sangre y agua para lavar mi pecado. A las cinco de la cruz os bajan hombres piadosos y en los brazos de tu madre os adoran religiosos. A las seis con gran piedad presente también María entierran vuestro cadáver y en ella queda en agonía. Triste madre de mi Dios sola, viuda sin consuelo que no que pueda yo llorad ángeles del cielo. El reloj se ha concluido sólo resta pecador que despierta a sus golpes y adores al redentor. Albada a los Recién Casados Las buenas noches les damos a los que hay en esta casa, que nos conceden permiso para cantarles la albada. Hoy la Iglesia os ha sellado con la bandera Sagrada, con el escudo y las armas de la Virgen soberana. Hoy a los dos vuestros padres bendición os han echado, delante de vuestros tíos primos parientes y hermanos. Con grande acompañamiento a la Iglesia habéis llegado, a recibir con cariño el matrimonio sagrado. Allí salió a recibiros aquel ministro sagrado, con el manual y la cruz y la estola en la otra mano. Lo primero que os pregunta aquél ministro de Dios, si tenéis alguna cosa a solas entre los dos. Y con voz muy humilde respondéis: no señor, lo mismo dijo a la gente que allí presente se halló. Segunda vez os pregunta aquél ministro sagrado, si os queréis como esposos y por amables casados. Respondisteis: si señor si queremos y otorgamos, y a este tiempo el padrino las arras os ha entregado. Al tiempo de recibirlas quedasteis aprisionados, entre grillos y cadenas calabozos y candados. Los anillos son los grillos las arras son las cadenas la justicia es la humildad y el candado la obediencia. Disteis la mano derecha a aquél ministro de Dios, y aquél ministro de Cristo con gusto la recibió. Subisteis la Iglesia arriba y en la grada os dejó, y aquél ministro de Dios en la sacristía entró. Y salió revestido y en el altar se postró, para decirnos la misa o el sacrificio de Dios. Oisteis la misa atentos con agrado y atención, y al tiempo de tocar a Santus os levantasteis los dos, y fuisteis a arrodillaros al pie del altar Mayor. A este tiempo el padrino a la mesa se acercó, y aquella sagrada banda a los dos os la cruzó. De los siete sacramentos que hay en la Iglesia sagrada, habéis recibido tres hoy día por la mañana. El primero penitencia el segundo comunión, el tercero matrimonio sea por servir a Dios. Con las palabras divinas que el sacerdote os ha dicho, que os améis el uno al otro como la Iglesia amó a Cristo. Con la palabra divina que el sacerdote os ha dicho, que os améis el uno al otro con amor y con agrado. Educar vuestra familia si llegáis a tener, que es un deber sagrado de marido y de mujer. Al padrino y a la madrina les debéis de dar las gracias, que os han puesto en camino de la Buena Venturanza. Y también a vuestros padres las gracias debéis dar, que os han criado mancebos os han llevado a casar. Para remate de todo la enhorabuena os damos, sea por servir a Dios sea por muchos años. A los que hay en esta casa la Virgen les acompañe, y a nosotros Dios del cielo porque estamos en la calle.
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